JoseM Puig

Blog personal

Mes: diciembre 2015

Siria cumple cinco años de guerra, un conflicto que ha expandido sus efectos más allá de sus fronteras y que continúa provocando catastróficas consecuencias observadas con pasividad por parte de las élites mundiales.

Los ataques terroristas en París detonaron un aluvión de noticias que centraron el escenario informativo en Siria. Un país que agoniza año tras año, donde sus ciudadanos cumplen la condena de una interminable guerra civil de la que intentan escapar a diario miles de civiles.

Desde noviembre de 2015, Siria ya no solo un país en guerra, sino que se erige como principal objetivo militar para que el mundo moderno acabe con su nueva amenaza poniendo la mira en terreno sirio como centro neurálgico del yihadismo.

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Ciudad de Alepo, Siria. Fuente: EFE

El país no solo se reduce a evidenciar la destrucción de una doble guerra, una civil y otra mundial contra el fanatismo islámico, sino que esconde complejos y enmarañados procesos históricos que, sin necesidad de realizar un profundo estudio, nos revelan otro tipo de realidad.

Nuestra visión global se rinde ante lo evidente, nadando sobre la superficialidad y desechando la complejidad. La opinión pública debería dar un giro hacia esta banalidad y desarrollar un tipo de lectura que vaya más allá de los titulares profundizando en lo que se esconde detrás de cada noticia, el porqué, las causas y las razones ante tanta sin razón.

Una sin razón que comenzó en 1916 con la firma del acuerdo Sykes picot. Un reparto de tierras que propiciaba el control de los territorios de Oriente próximo por parte de británicos y franceses. Se levantaban así unas fronteras según intereses propios y beneficios coloniales sin pararse nin un segundo a pensar en las consecuencias que esto acarrearía a largo plazo.

Resulta realmente difícil borrar de nuestras retinas las imágenes de aquella trágica noche del 13 de noviembre cuando varios rehenes huían de la sala de conciertos Bataclan, desesperados por alcanzar la libertad, por sobrevivir.

Ese fue el punto de partida donde viró nuestro objetivo, retomando la situación de aquel país desde donde hasta el momento tan solo sabíamos que miles de civiles estaban huyendo de su patria, formando una densa marea de esperanza y supervivencia que enviste una y otra vez contra el rompeolas europeo.

París nos recortó la distancia de más de 4.000 kilómetros que lo separan de Damasco, una conexión interrumpida por la eterna barrera que divide a oriente de occidente.

Aquella siniestra noche se consumó la muerte de 89 civiles. Muchos de los supervivientes pudieron salir de aquel horror gracias a un estrecho callejón al final del cual no se levantaba ninguna frontera, ningún muro ni alambrada capaz de parar el flujo sanguíneo de sus venas.

Ese terror de viernes 13 es el mismo que late a diario sobre las fronteras europeas, con una pequeña diferencia, que aquellos refugiados parisinos no se toparon de bruces con ningún muro, sino con la tan anhelada libertad.

Con el triste aniversario de esta guerra se superan algo más de 270.000 muertos, aumentado exponencialmente  el número de civiles que buscan refugio en países occidentales. Unas cifras que deberían avergonzar a toda la humanidad y que avalan el dolor y la desesperación que se palpa a las puerta de Europa.

Para tomar conciencia de este conflicto sobran cifras y sobran palabras ya que día de hoy quizás estemos inmunizados de tanto titular. Quizás lo que nos falte por oír y leer sobre Siria sea el silencio y levantar la cabeza por encima de nuestra fronteras para ver qué está pasando al otro lado del muro.

 

 

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