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Mi viejo chopo

La entrada del año nuevo se caracterizó por el fuerte despliegue policial en centro de la capital española. Más de 800 agentes del Cuerpo Nacional de Policía atrincheraron la Puerta del Sol en un operativo sin precedentes en la joven democracia española cuyo objetivo era garantizar  la seguridad ciudadana ante el Nivel 4 de Alerta Antiterrorista decretado desde junio de 2015.

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Arturo Pérez-Reverte debió seguir de cerca este despliegue. Tanto que su particular sentido de la observación le inspiro para abrir el último debate del año en su cuenta de Twitter. El contenido de su mensaje giraba en torno al desfasado armamento que algunos policías exhibieron en las calles de Madrid el pasado 31 de diciembre. Concretamente, el arma que acaparó la atención del afamado escritor fue el veterano fusil Cetme. Un arma de asalto de fabricación española cuyo uso se popularizó entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en torno a los años 60.

Es de agradecer la implicación de un personaje público reivindicando una mejora en la seguridad nacional, hecho inusual en nuestro país. Impulsado por la puesta en escena de esta reliquia armamentística, el Sr. Reverte ideó un arma de doble filo que por un lado le sirvió para criticar el uso de un fusil digno de vitrina de museo y por otro poner en el punto de mira las carencias presupuestarias del Ministerio del Interior.

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El twitter de @perezreverte generó una ráfaga de comentarios sobre el uso, manejo y adecuación de este fusil de asalto en un entorno urbano. Un aspecto sin duda rebatible no solo por el calibre 7,62 del arma en cuestión o sus desfasadas características sino también por el uso de la modalidad de tiro a ráfaga en un lugar y momento de gran afluencia de público. “¿Se imagina a policías manejando hábilmente, a tiros, esos viejos Cetmes entre la multitud de la Puerta del Sol?”, preguntaba el escritor a sus seguidores.

Resulta evidente que la misión primordial de desempolvar los viejos “chopos” (como así se conocen en el argot policial) es la de generar un efecto disuasorio capaz de eludir cualquier tipo de acción terrorista. De esta forma se dota a los agentes de un arma automática que se encuentra a la altura de un AK-47, fusil comúnmente utilizado en los atentados yihadistas. De ahí deriva el sentido de sacar el Cetme del armero y proveer a los agentes de un arma capaz de neutralizar un ataque de este tipo o incluso que tenga la fuerza necesaria para frenar el avance de un vehículo de gran tonelaje como así ocurrió el fatídico 19 de diciembre en Berlín.

Precisamente, por la singularidad y características de este tipo de atentados, el pasado mes de diciembre, la Unión Federal de Policía reivindicó a las autoridades su descontento con el obsoleto Plan Nacional de Tiro del CNP, protocolo que rige la formación de los agentes desde 1987. Las reivindicaciones sindicales también se dirigen a exigir una mejora en la formación y actualización del empleo de este tipo de armas largas por parte de los agentes que permitan ajustarse a la amenaza actual.

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Pero… ¿Quién puede prever el modus operandi del siguiente atentado? ¿Cuál será el mejor método para prevenirlo? Las respuestas a estas cuestiones acarrean un estudio minucioso y complejo de la realidad. Y es que no solo el secuestro de un camión puede constituir una amenaza para los llamados “objetivos blandos”. A diario, también atraviesan Gran Vía otros vehículos susceptibles de ser empleados para un posible ataque como los son los taxis, furgonetas, autobuses e incluso un furgón del Samur.

Por lo tanto, la falta de presupuesto no es una excusa para mermar la seguridad de los españoles y las medidas gubernamentales no solo deben pasan por desempolvar viejos hierros dignos más bien de ser expuestos en el Museo de Armas Nacional sino por hacer esfuerzos en mejorar los medios materiales y la formación.

No cabe duda que llegó la hora de renovar el armero de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, además de evidenciarse la necesidad en adquirir otras herramientas de prevención como lo son las barreras de pinchos de cadena. Pero también se deben adoptar otras medidas de prevención como el hecho de adaptar el entorno urbano a esta nueva amenaza. Y no solo con bolardos y maceteros sino también con la elaboración de nuevos protocolos de seguridad nacional orientados a la celebración de eventos multitudinarios que faciliten una rápida evacuación en caso de emergencia y que permitan garantizar la eficacia de la acción policial.

A pesar de que se diga que es una utopía alcanzar la seguridad total, conviene recordar a las autoridades que no debemos alejarnos demasiado de esta máxima.