La sociedad española estalla en contra del rechazo a la Policía Nacional y Guardia Civil en Cataluña. Miles de personas convocadas por redes sociales y mensajería se concentran espontáneamente en varios puntos de la geografía española para defender la unidad nacional en contra del movimiento separatista, expresando su apoyo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado desplegados por motivo del 1-O.

Los agentes han sufrido durante estos últimos días un duro hostigamiento por una parte de la sociedad catalana que los recibía con insultos de corte fascista hacia lo que algunos se apresuraron a denominar “fuerzas de ocupación”.  Pero en realidad, en este conflicto ¿Quién ocupa a quién? Ya que cabe recordarles a algunos (y aunque les pese) que Cataluña es España y con esto no revelo yo ningún secreto de Estado…

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Este clima bélico ha suscitado ciertas analogías con acontecimientos históricos del pasado siglo XX. No es raro ver exhumar conflictos como la Guerra Civil o las evolución de las ideologías totalitarias como el fascismo y el nazismo. Por suerte no van más allá de meras conversaciones en torno a la barra de un bar con cerveza recién tirada y un pincho de tortilla para acompañar, aunque ¿Qué fundamentos hay para algunos lleguen a establecer este tipo de similitudes?

Pues bien, en una conversación que mantuve con un amigo muy querido también hemos sucumbido a divagar en este juego relacional. Ahí fue donde surgió un nombre del que todos alguna vez oímos hablar. Se trataba de Joseph Goebbles, el que fue ministro de propaganda y responsable del Ministerio de Educación Popular y Propaganda nazi.

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Aquel “enano cojo y diabólico” como así lo definía Goering, fue el verdadero orquestador del totalitarismo, la mano que mecía de la batuta a las masas, el compositor de la perversa melodía que encandilaba a la sociedad alemana en 1933.

Entre relinchares de taburetes y el clásico barullo tabernero recordábamos los 11 mandamientos de este político alemán, bautizados por el mismo como los principios de propaganda nazi. Inesperadamente, en nuestra mente se hizo el silencio y nuestra imaginación nos permitió viajar hasta el bloque número 4 del campo de concentración de Auschwitz.

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Allí mismo una losa nos daba la bienvenida como visitantes y sobre ella se podría leer la frase de un poeta y filósofo español, Agustín Nicolas Ruíz de de Santayana “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”. Hasta ese lugar os quiero trasladar antes de leer

Los 11 principios de la propaganda nazi creados por Goebbels:

1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.

2.- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3.- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

4.- Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5.- Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí­ viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

7.- Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público está ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8.- Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9.- Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10.- Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11.- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.