Goebbles Al Adnani es el juego de palabras resultado de combinar el apellido del Ministro de Propaganda Nazi y el de, hasta ahora, Portavoz Oficial del Estado Islámico en Siria. En varios artículos de prensa se recordaba a Joseph Goebbels para establecer una conexión con el recién fallecido Abu Mohamed al Adnani cuya muerte fue anunciada el pasado 30 de agosto mientras supervisaba una serie de operaciones militares en defensa de la ciudad sitiada de Alepo.

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La similitud entre ambos no es fruto del azar ya que a priori, podríamos estar hablando de dos de los personajes más temidos e influyentes en sus sendos aparatos de información y propaganda. A pesar de el inquietante parecido que gira en torno a su persona se produce una diferencia clave que no debemos descuidar en referencia al transcurso de la historia condicionada por sus muertes.

En el caso de Goebbles podemos establecer un ciclo temporal cerrado que coincide a su vez con el alzamiento, culmen y fin del nazismo en 1945. Fue una de las personas de máxima confianza de Adolf Hitler que dejó en sus manos la gestión propagandística nazi , centrada fundamentalmente en el cine y la radio.

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Además, fue uno de los ideólogos de la “guerra total” defendiendo un modelo que se basaba en la reducción de la economía al sector armamentístico. Una teoría cuya única salida pasaba por la expansión territorial y a su vez la ampliación del espacio vital dando cabida al aumento de población y las ansias imperialistas.

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Precisamente, en esta megalomanía expansionista es donde encontramos la mayor similitud entre las ideologías de ambos personajes. La ansiada instauración del califato que pretende el EI pasa por recuperar el poder religioso y político que hacia el año 750 les permitió gobernar una gran región bajo dominio musulmán.

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Parecidos a parte, se producen ciertas diferencias entre ambos que hacen atrevida una equiparación entre dichos personajes. En el caso de Al Adnani,  su origen y madurez es correlativa con el surgimiento del grupo Al-Qaeda en Irak y su posterior deriva en el Estado Islámico de Irak y el Levante. La principal diferencia radica en que, hoy por hoy, todavía es pronto para hacer coincidir el hecho de su muerte con el fin del EI. Hasta suena osado pronosticar una decadencia del movimiento yihadista ya que su aparato propagandístico continúa operativo y sirviéndose de Internet como arma de difusión masiva de consignas, videos y mensajes.

Por otra parte, Al Adnani era un hombre de campo, un muyahidin, lo que resulta evidencia dado la causa de su muerte y en cualquier imágenes que podamos encontrar en la red de su perfil. En contraste con Goebbles, observamos a un hombre ataviado con uniforme militar de gala exteriorizando el alto cargo en el seno de su partido, un hombre de despacho, inmerso en el aparato burocrático nazi.

El parecido entre ambos no deja de ser más que una conjetura de los medios y hasta rezuma cierto tufo propagandístico al tratar de maximizar la pérdida, eso sí, de uno de los principales líderes del EI.

Por lo tanto: ¿Estamos ante el fin del Estado Islámico? ¿La noticia de la muerte de Adnani tiene tanta repercusión como si en 1944, se produjese la muerte de Goebbles?

No cabe duda de que si Goebbles hubiese muerto similares condiciones, estaríamos hablando de un hecho que cambiaría la historia del siglo XX y que en su día acapararía la atención de la prensa mundial.

Esa atención por parte de los medios no se produjo con tal magnitud el 30 de agosto, contrastando con la futura repercusión que pueda tener la pérdida de Adnani de cara al futuro incierto sobre la situación en Siria, el duro golpe sobre el aparato propagandístico y militar del EI o como, simplemente, la muerte  “uno más” de los terrorístas más buscados por la coalicción, acusado de ser el máximo instigador de los recientes ataques del Estado Islámico en Francia y Bélgica.